Te encuentras en medio de un intenso tiroteo cuando, de repente, tu arma se encasquilla. Antes de que puedas cambiarla, sufres de un ataque de malaria que te deja vulnerable ante la lluvia de balas. Por si fuera poco, una granada molotov acaba de explotar y el fuego se expande de forma amenazante. Esto no es una racha de mala suerte, es una partida normal de Far Cry 2 que nos deja en el humor adecuado para la filosofía nihilista de esta saga.
Esta franquicia de Ubisoft ha cambiado mucho desde entonces. Sin embargo, todas las entregas principales de Far Cry tienen algo en común más allá de los escenarios exóticos y villanos carismáticos: la irrelevancia de nuestras acciones.
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